| Miguel Ángel Lotina y Fernando Roig (Levante EMV) |
Que
se viven tiempos de estrecheces es una realidad, que cuadrar los presupuestos
se ha convertido en algo vital en todos los ámbitos de la vida también, nada
mas hay que levantar la vista y observarlo, empresas, instituciones públicas,
comisiones falleras… Y los equipos de futbol no son una excepción. Es algo que
se puede ver a simple vista echando un vistazo a la liga. 22 de 23 equipos en
Concurso de Acreedores en Europa son españoles y, quitando a los dos de arriba
que juegan dopados económicamente, el resto vive al día y tratando de gastar lo
menos posible, al mismo tiempo que saca el máximo partido económico a sus
estrellas aunque se vean penalizados deportivamente.
Por
tanto cuadrar los presupuestos se ha convertido en una obsesión y en la mayoría
de los casos en una obligación (en el fondo, y salvo privilegiados, los equipos
son S.A.D.) si se quiere sobrevivir. Los problemas a largo plazo de esto pueden
ser muy graves, no solo para los clubes sino para la competitividad de la
competición, pero esto es algo que no trataremos ahora, sino que analizaremos
los problemas que trae esta necesidad a corto plazo.
Como
todo en esta vida los recortes se pueden hacer de dos maneras, con cabeza o sin
ella. Hay equipos que pese a vender jugadores han mantenido el nivel deportivo
en gran parte, el mejor ejemplo que se me ocurre puede ser el Valencia, que ha
visto salir en los últimos años a gente como Villa, Silva, Mata o Marchena sin
que ello haya lastrado la competitividad del equipo, aunque el Atlético de
Madrid, con las salidas de De Gea, Agüero o Jurado, también podría valernos de
ejemplo. Ambos comparten dos características, han sabido hacer las cosas con
calma, separando las ventas en distintas temporadas y sin dejar al equipo sin líderes;
y han invertido parte de lo ganado en seguir reforzando el equipo, con llegadas
como las de Rami, Soldado, Diego o Falcao. Esto quizá ha hecho que el equipo
haya perdido empaque y cierta calidad, pero en el fondo ha conseguido mantener
un nivel competitivo alto y ambos, con quizás más problemas, están cumpliendo
con su trabajo. Dentro de los casos de hacer las cosas bien quisiera meter
también a Rayo Vallecano y Levante, dos equipos modestos y que además vienen de
situaciones parecidas, con problemas institucionales y el temido Concurso de
Acreedores. Pese a todo con equipos hechos a base de retales y muchas ganas han
conseguido estar muy por encima de equipos con presupuestos inferiores,
demostrando que, al contrario de lo que se piensa en las directivas de algunos
equipos ya nombrados, se puede competir con un presupuesto menor.
Pero
también se pueden hacer las cosas mal, y ejemplos tenemos varios, y
curiosamente de equipos que deciden poner la venda antes de la herida y empezar
a ahorrar para evitar males mayores. Un ejemplo de esto podría ser el Sevilla,
que a mediados de la pasada década vivió un momento cumbre de la mano de
fichajes baratos a los que sacaba rendimiento deportivo y además económico,
nombres como Poulsen, Alves o Keita nos suenan a todos. Pese a todo el conjunto
de Nervión ha descubierto que no todo el monte es orégano y durante los últimos
años la llegada de jugadores que no han dado el nivel ha bajado la
competitividad del equipo, haciendo que al final quienes siguen dando la cara
son los veteranos de la época gloriosa, como Navas, Palop o Kanoute. A pesar de
ello los sevillistas pueden sentirse privilegiados si los comparamos con los
siguientes, y es que ellos como mínimo siguen siendo asiduos a las
competiciones internacionales y no sufren en la liga domestica.
Y
es que ahora vamos a hablar de dos equipos que de la mano del ahorro trajeron
el abono al sufrimiento. El primero de ellos sería el Deportivo de la Coruña,
equipo revelación de los 90 y que se llevo las simpatías de muchos de los
nacidos a principios de aquella década, entre los que me incluyo, al ser la
primera gran sorpresa liguera que vivieron cuando los blanquiazules levantaron
la liga en el 2000. Su estela ganadora no termino allí, sino que dieron guerra
en Europa durante varios años y fueron un asiduo de las posiciones de cabeza
hasta que su presidente tomó la decisión de ahorrar. El equipo perdió puntales
y siguió peleando pero finalmente lo inevitable ocurrió y la temporada pasada
abandonaron la Primera División, rumbo a una temporada en el infierno que les
sirve para purgar sus pecados pasados y tratar de no volver a repetirlos.
Y
tras la larga introducción llega el momento de hablar de lo que de verdad
interesa, y es que si alguien ha ido leyendo hasta ahora se habrá dado cuenta
que hay un equipo que podría caber perfectamente en lo descrito para el
Deportivo de la Coruña, equipo que aparece, da la sorpresa y pelea gastando lo
máximo y que llegado el momento decido ahorrar pero tratando de competir de
igual manera. Sí, me refiero al Villarreal. De la mano de Fernando Roig y los
“Mercadoneuros” los groguets aparecieron por la Primera División a finales de
los noventa, dispuestos a dar guerra a todos y lo consiguieron, pelearon ligas,
lucharon por Europa e incluso consiguieron un par de semifinales europeas, una
de UEFA, que perdieron contra el Valencia CF, y otra de Champions donde un
penalti fallado por Riquelme frente al Arsenal les dejo a las puertas de una
final historia.
Pero este verano todo cambio, Roig decidió que
el equipo tenía que tratar de vivir por sí solo, sin inversiones de su presidente,
y se opto por una política de ahorro y de priorización de una cantera que ese
año competía en la Segunda División. Salió Cazorla y salió Capdevila, pero se
mantuvo a los otros tres puntales, Borja Valero, Rossi y Bruno. Hasta aquí todo
bien, poco a poco se reducen costes sin dejar al equipo sin lideres. Pero fallo
algo importante, acertar en lo que viene para que la inexperiencia de los
canteranos no te juegue una mala pasada, y ahí el Villarreal falló, ni De
Guzman, ni Zapata ni Camuñas han demostrado valer para un equipo de las
aspiraciones del submarino. Esto dejó a un equipo con jugadores de cierto
renombre en algunas posiciones pero con gente muy joven y de dudoso nivel en
otras, lo que unido a la lesión de Rossi ha dejado al submarino en una posición
complicada. Por tanto las inversiones necesarias para mantener el nivel
faltaron en la planificación del equipo castellonense.
Por
supuesto el problema del Villarreal no es solo de planificación o de errores a
la hora de fichar, también hay otro error detrás y es mucho más grave, y es
considerar que los jugadores del filial, al rendir en Segunda División, iban a
valer para jugar en la elite, viendo además el rendimiento del equipo ni
siquiera ha sido deslumbrante en la división de plata. La creencia, muy
extendida en nuestro futbol desde la llegada de Guardiola, de que cualquier
jugador que juegue en el filial puede dar el salto sin problemas al primer
equipo también los ha lastrado en esta temporada. Y es que por muy bien que lo
haga en Segunda División (algo discutible viendo la tabla) un jugador no tiene
porque rendir a buen nivel en el primer equipo, el salto es importante y más en
un equipo de las aspiraciones del Villarreal. Además, cuando las cosas vienen
rodadas la integración de los chavales es muy cómoda, gracias a la inercia
positiva, en cambio cuando las cosas se tuercen el rendimiento baja y ahí se
nota la falta de experiencia.
Con
esto no quiero decir que el Villarreal puede seguir los pasos del Deportivo de
la Coruña, pienso que el submarino tiene equipo para salir de donde está y pese
a sus errores en la planificación tiene mejor equipo que el resto de equipos
que pelean por la salvación. Eso no quita que su situación demuestre que la
decisión de ahorrar y recortar solo puede funcionar si se hacen las cosas bien,
cortar por cortar sin pensar en que se hará luego puede llevar a males mayores
como puede ser el descenso de categoría, lo que puede llevar a mayores
problemas económicos. Para empezar ya les ha alejado de unos ingresos
importantes para un equipo de su nivel,
los de las competiciones europeas, y es que levantar el acelerador es fácil,
recuperar lo perdido en esa desaceleración no tanto.
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